El atole morado de Ixtenco conquista el paladar de la patria
María Teresa Solís López, originaria del municipio de Ixtenco, Tlaxcala —conocido como el “último reducto de la cultura otomí”—, fue la ganadora del concurso gastronómico ¿A qué sabe la Patria?, gracias a la receta tradicional de su comunidad: el atole morado de maíz nativo.

Este brebaje ancestral, transmitido de generación en generación, es mucho más que una bebida. Es el resultado de décadas de sabiduría, cuidado y selección de un maíz nativo de color negro, que con el tiempo ha dado paso a una variedad profundamente oscura y rica en sabor.
“Desde que era niña ayudaba a mi abuela, que era la que lo hacía… después a mi madre, y luego ya sola lo empecé a hacer”, cuenta doña María Teresa, quien perfeccionó la receta con detalles únicos como la quema de una mazorca que luego se incorpora a la bebida con una pizca de sal, acompañada de ayocotes, para darle un toque especial.
En un trabajo conjunto con su esposo, quien también la animó a participar en el certamen, cultivan el maíz que emplean para esta receta. A lo largo de los años, han realizado un riguroso proceso de selección de mazorcas para conservar y fortalecer los colores oscuros de este grano, símbolo de identidad y resistencia cultural.
“Antes este maíz se encontraba entre las mazorcas azules. Nacía uno que otro maíz de color, no era tan colorido. Después se fue seleccionando, y ha sido un trabajo muy arduo… hasta obtener incluso el olote oscuro”.
La preparación del atole morado requiere entre 24 y 36 horas, dependiendo del clima. El proceso incluye selección del grano, lavado, remojo, molienda, fermentación y cocción, hasta alcanzar el color, aroma y textura deseados.

Gracias a esta dedicación y al profundo apego a la receta heredada, María Teresa Solís López ganó el primer lugar en la Categoría Individual del concurso, por decisión del jurado.
El certamen ¿A qué sabe la Patria? lanzó una convocatoria nacional para visibilizar y revalorar los alimentos nativos de México. Participaron 679 recetas provenientes de casi todo el país, con ingredientes fundamentales de la cocina tradicional mexicana como el maíz, cacao, amaranto, chile, jitomate, calabaza, nopal, maguey, quelites y más.
Además, cocineras y cocineros de los pueblos indígenas presentaron recetas en 18 lenguas originarias, incluyendo náhuatl, otomí, maya, zapoteco, tseltal, tsotsil, purépecha, entre otras, así como en lenguas de comunidades afromexicanas y menonitas.
La historia de doña María Teresa y su atole morado no solo resalta la riqueza gastronómica de Tlaxcala, sino también el papel fundamental de las mujeres y comunidades indígenas en la preservación de la memoria alimentaria de México. Su triunfo es un reconocimiento al saberes heredados, al trabajo comunitario y a la resistencia del maíz nativo, corazón de nuestra identidad.