
En Lanzarote, los agricultores han desarrollado un sistema agrícola notable, basado en el uso innovador del suelo volcánico local
Brasil, China, México y España han sido reconocidos por la FAO por conservar sistemas agrícolas únicos, vivos y profundamente enraizados en las culturas locales. Se trata de prácticas ancestrales que cuidan la biodiversidad, sostienen la vida rural y ofrecen soluciones frente al cambio climático y las crisis alimentarias.
Estos nuevos Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) muestran que la agricultura no es solo una actividad productiva, sino también una práctica cultural, ecológica y comunitaria.
¿Por qué son importantes los SIPAM?
Porque nos enseñan que otro modelo de agricultura es posible: uno que respete la naturaleza, valore los saberes de los pueblos originarios y fortalezca la soberanía alimentaria. Estos sistemas, construidos generación tras generación, son ejemplo de cómo vivir en equilibrio con el entorno.
¿Qué son?
Son paisajes rurales que han evolucionado durante siglos bajo la interacción entre comunidades y su entorno natural, conservando técnicas tradicionales, especies nativas, y conocimientos que han hecho posible una agricultura resiliente y armoniosa con la naturaleza. En palabras de Kaveh Zahedi, Director de la Oficina de Cambio Climático, Biodiversidad y Medio Ambiente de la FAO:
“Estos sistemas son puntos brillantes que muestran cómo las comunidades pueden recurrir a sistemas de conocimiento y prácticas ancestrales para llevar alimentos a la mesa, proteger los empleos y los medios de subsistencia y mantener territorios agrícolas únicos y sostenibles.”
Conoce los nuevos sistemas reconocidos en 2025:
1. Sistema agroforestal de yerba mate en Paraná, Brasil
Durante siglos, comunidades indígenas y tradicionales del sur de Brasil han cultivado yerba mate bajo sombra, dentro de sistemas agroforestales que protegen la selva de Araucaria, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. Este sistema integra alimentos, frutos nativos y productos forestales, promoviendo la soberanía alimentaria, la biodiversidad y la identidad cultural, a la vez que brinda alternativas sostenibles frente a la deforestación.
2. Sistema ancestral del metepantle en Tlaxcala, México
En una de las regiones más vulnerables al cambio climático, las familias campesinas de Tlaxcala han conservado por más de tres mil años un sistema agrícola conocido como metepantle: terrazas con maíz, frijol, calabaza, agave y especies silvestres. Este modelo no solo asegura alimentos y fibras, sino que preserva más de 140 especies indígenas, incluidos 40 tipos de maíz nativo, y mantiene una activa red de intercambio de semillas y conocimientos comunitarios.
3. Sistema de enarenado y jable en Lanzarote, España
En la isla volcánica de Lanzarote, donde escasea el agua, los agricultores han desarrollado una técnica innovadora que aprovecha lapilli volcánico (ceniza) y arena marina para capturar humedad y proteger los cultivos del calor. Este sistema permite cultivar uvas, batatas y legumbres en condiciones áridas, y es un ejemplo de adaptación agrícola al entorno más extremo.
4. Sistema de mejillones perla en Deqing, China
Con más de 800 años de historia, este sistema integra acuicultura, agricultura y producción de perlas, fomentando una economía circular y limpia. Los mejillones actúan como filtros naturales, mejorando la calidad del agua, mientras se cultivan arroz, seda y peces, combinando prácticas tradicionales con beneficios ambientales. Más de 22,000 personas dependen de esta actividad sostenible.
5. Cultivo de té blanco en Fuding, China
En la provincia de Fujian, el cultivo de té blanco se basa en métodos tradicionales que integran plantaciones, bosques y otros cultivos. Conserva 18 variedades de té y más de 120 especies agrícolas, lo que fortalece la resiliencia ecológica y cultural de la región. Este sistema también es un testimonio de la profunda relación espiritual y cultural entre las comunidades y la tierra.
6. Huertos antiguos de perales en Gansu, China
A orillas del río Amarillo, un sistema de huertos de perales centenarios integra árboles frutales, cultivos y ganadería. En una zona árida, vulnerable a sequías y erosión, este modelo ha logrado conservar variedades como la Ruan’er y la Dongguo, produciendo más de 2 millones de kilos de peras al año, sin depender de agroquímicos y con un enfoque agroecológico.
Un patrimonio vivo que nos guía hacia el futuro
Cada uno de estos sistemas demuestra que la innovación no siempre está en lo nuevo, sino también en reconocer, valorar y fortalecer los saberes que han sostenido la vida durante siglos. En un contexto global de crisis ambiental, inseguridad alimentaria y pérdida de diversidad cultural, estos modelos ofrecen inspiración y guía para construir sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles.
La FAO continúa promoviendo el reconocimiento, la documentación y el fortalecimiento de estos territorios agrícolas, no solo como reliquias del pasado, sino como faros de conocimiento y sostenibilidad para el futuro.
Estos sistemas vivos nos muestran que la tradición, cuando se cuida y se adapta, puede ser la base de un futuro más justo y sostenible.
📌 Puedes conocer más sobre los sistemas SIPAM en: www.fao.org/giahs